La rutina de liderar: cuando la experiencia deja de impulsar y empieza a frenar
Llegar a una posición de liderazgo en entornos tecnológicos no es casualidad, implica capacidad técnica, criterio, resiliencia y una alta tolerancia a la complejidad.
Sin embargo, muchos líderes TI alcanzan un punto en su carrera en el que, paradójicamente, cuanto más saben, menos evolucionan.
No porque no puedan, sino porque entran en la rutina de liderar.
Una rutina que no se vive como fracaso, sino como estabilidad. Y precisamente por eso, es tan difícil de detectar.
¿Qué es realmente la “rutina de liderar”?
Desde la psicología cognitiva, el cerebro humano tiende a automatizar comportamientos que ya domina para ahorrar energía.
Esto es útil para sobrevivir… pero peligroso para liderar.
Cuando un líder ha resuelto problemas similares durante años, ha gestionado conflictos repetidos, ha tomado decisiones bajo presión de forma constante, el cerebro empieza a operar en modo piloto automático.
La experiencia se convierte en atajo mental, y el liderazgo, en una secuencia conocida.
El sesgo que atrapa a los líderes experimentados
Uno de los sesgos cognitivos más frecuentes en líderes senior es el sesgo de competencia adquirida:
“Ya he pasado por esto. Sé cómo funciona.”
El problema aparece cuando:
Se deja de contrastar la propia visión,
Se reduce la escucha activa,
Se confunde eficiencia con profundidad,
Se interpreta el cambio como una molestia, no como una oportunidad.
Aquí es donde el liderazgo deja de crecer, aunque siga funcionando.
La urgencia constante y el desgaste psicológico
Otro factor clave es la cultura de urgencia. Desde la psicología organizacional sabemos que la urgencia sostenida reduce la capacidad reflexiva, el estrés continuo prioriza decisiones conocidas, el exceso de carga inhibe el pensamiento estratégico.
Cuando un líder vive permanentemente apagando fuegos. decide más rápido, arriesga menos, innova menos y aprende menos.
No por falta de talento, sino por sobrecarga cognitiva. La rutina de liderar se instala cuando no hay espacio mental para pensar diferente.
Señales claras de que has entrado en la rutina de liderar
No siempre se siente como un problema. De hecho, suele sentirse como control.
Algunas señales frecuentes:
Las decisiones ya no te retan, solo te ocupan.
Tu equipo ejecuta bien, pero propone poco.
Te cuesta entusiasmarte con nuevos cambios.
Repites fórmulas que “siempre han funcionado”.
Aprendes poco, aunque haces mucho.
Sientes que avanzas… pero no evolucionas.
El coste invisible del liderazgo eficaz, pero poco inspirador puede ser perfectamente funcional: cumple con objetivos, mantiene el orden y trata de evitar grande errores. Pero suele perder algo clave: capacidad de inspirar y transformar.
Desde la psicología motivacional:
Las personas se activan cuando ven crecimiento en quien lidera,
La curiosidad del líder contagia curiosidad,
La reflexión del líder habilita autonomía.
Cuando el líder deja de aprender, el equipo también lo hace.
Recomendaciones prácticas para salir de la rutina como líder:
1. Recupera el hábito de cuestionarte
Hazte preguntas que antes evitabas:
¿Por qué sigo decidiendo así?
¿Qué asumiría distinto si empezara hoy?
¿Qué parte de mi liderazgo no he revisado en años?
El cuestionamiento consciente reactiva el pensamiento estratégico.
2. Cambia velocidad por profundidad
No todo necesita una respuesta inmediata.
Agenda espacios de reflexión sin urgencia.
Decide menos, pero mejor.
Diferencia lo operativo de lo estratégico.
3. Pide feedback aunque no te apetezca
Desde la psicología del desarrollo adulto, el crecimiento ocurre en la fricción, no en la validación constante.
Así que busca feedback de tu equipo, tus pares y alguien externo que no dependa de ti. El feedback rompe la burbuja de la experiencia.
4. Aprende fuera de tu zona técnica
Muchos líderes TI siguen formándose solo en herramientas, metodologías y frameworks.
Pero el salto real ocurre cuando exploran:
La comunicación estratégica
La Toma de decisiones.
El pensamiento crítico y analítico
La rutina suele venir acompañada de microcontrol, baja delegación real y exceso de intervención.
Por eso es esencial trabaja en:
Definir mejor el “para qué”,
Soltar el “cómo”,
Confiar en procesos, no solo en personas.
La autonomía del equipo libera espacio mental al líder.
Liderar no es repetir lo que sabes, debes evolucionar con lo que aún no dominas; y la rutina de liderar no aparece por falta de capacidad, sino por exceso de experiencia sin revisión.
Un liderazgo vivo es incómodo, reflexivo y en constante aprendizaje. Todo lo demás es ejecución eficiente. Y eso, a largo plazo, nunca es suficiente.




